Educación para el cambio social
Como
educación para el cambio social, quiero objetar como comentario crítico la importancia
de las
desigualdades en educación.
Estas desigualdades
en educación pueden tener causas muy variadas como; carencias económicas
que provocan mala alimentación, mala vestimenta, alto
número de integrantes familiares, carencias económicas que
provocan falta de insumos necesarios para estudiar, dificultad
de acceso a medios de comunicación, desigualdades en la
formación educativa de los padres, carencias afectivas (falta de tiempo,
dedicación y atención desde la familia al alumno)… También influyen como generadoras de desigualdades educativas: dificultades
para desarrollar el lenguaje y la capacidad
mental, diferencias entre los valores del núcleo familiar y escolar,
pertenencia del educando a minorías étnicas, raciales o grupos
selectos, desplazamientos familiares continuados, idioma diferente al
del núcleo familiar, educandos que viven en zonas muy lejanas del
centro educativo…
La educación igualitaria para todos es una
utopía. De hecho, no somos iguales desde la base por lo que una
educación igual para todos va a conducir a resultados diferentes dado que cada
alumno parte de un escalón diferente. Por eso se dejó de considerar educación por la igualdad a aquella que
ofrece iguales condiciones para todos. La educación por la igualdad debe
considerar que aquellos que más necesitan deben recibir más. La educación de un país tiende a ser
reproductora del modelo de desarrollo alcanzado por la sociedad. La
función reproductiva de la enseñanza parece ocurrir espontáneamente
redefiniendo en cada generación los estratos sociales y afianzando la
marginalidad. Esto es nefasto para el desarrollo social de un país porque
consolida, a lo largo de los diferentes niveles educativos, sus conexiones
con el sistema de clases sociales tácito que está presente en toda sociedad. Por eso las políticas educativas deben
esforzarse por evitar la función reproductiva del sistema educativo; los
nuevos modelos tienden a modificar la función de la educación como reproductora
del modelo social y dotarle de una función de cambio y promoción de desarrollo
social.
La educación como gestora de cambio social debe partir de
una base muy lejana a la clásica idea de igualdad de oportunidades, debe ser una educación reparadora de desigualdades y
debe brindar más a aquellos que más lo necesitan para que las oportunidades se
acerquen.
Educar a las generaciones menos favorecidas en una
sociedad es una tarea dificultosa que exige la colaboración de muchas partes
del entramado educativo y, pese a lo que suele creerse, no sólo es necesario el
aporte económico del estado sino que se requiere un alto grado de
sensibilización de los docentes, aquellos
que llevan el día a día del cambio social esperado.
Desde la educación, es fundamental
paliar estas numerosas desigualdades que aún en la actualidad afectan a un gran
número de personas en distintos hábitos de la vida diaria. Es primordial, una
enseñanza desde y para la igualdad para poder conseguir en un futuro no muy
lejano una completa igualdad entre hombres y mujeres.

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